http://www.bbc.co.uk/mundo/america_latina/2010/06/100611_uribe_justicia_militar_aw.shtml

No quise. En realidad no quise escribir ningún comentario público antes de la segunda vuelta de elecciones presidenciales en Colombia. Quise guardarme todas mis amargas observaciones para después…  Luego leí la noticia sobre una declaración del saliente(?) presidente de la nación, Álvaro Uribe Vélez, con ocasión de la condena de un ex coronel del ejército, declarado culpable de la  desaparición forzada de once personas, hace 25! años.

LO QUE DIJO…

El gobierno invita a los órganos del Estado y a todos los colombianos a pensar en una legislación que rodee de garantías a las fuerzas armadas, en el marco de su debida eficacia y absoluto respeto a los derechos humanos“, dijo el mandatario en un mensaje transmitido por radio y televisión.

Uribe advirtió, además, que la condena en contra del coronel Alfonso Plazas estaba generando “profundo dolor y desestímulo en los integrantes” del ejército.

También instó a no olvidar que la acción militar bajo escrutinio se había dado en respuesta a “un delito de lesa humanidad cometido por la alianza perversa entre el narcotráfico y una de las guerrillas de la época“.

…Y LO QUE SIGNIFICA

1.  Una legislación para garantizar que a los integrantes de las fuerzas armadas no se les pedirá cuenta por cualquier acto que cometan en el cumplimiento de su deber, dentro del marco de su eficacia y mientras conserven el absoluto respeto a los derechos humanos.  Obviamente, el presidente Uribe opina que la condena al coronel Plazas era injusta porque éste había actuado dentro del marco de la debida eficacia militar y del absoluto respeto a los derechos humanos. Tal opinión sólo puede sostenerse sobre algunos supuestos:

  • que no hay pruebas de los actos en contra de los derechos humanos reprochados al coronel Plazas – ningún video mostrando al magistrado Carlos Horacio Urán Rojas saliendo vivo del Palacio de Justicia bajo escolta militar a comando del coronel, a pesar de que un día más tarde se le encontraría muerto dentro del Palacio con una bala 9 mm en la cabeza disparada a contacto; ningunas personas desaparecidas -sin dejar cadáver- y ningún cadáver (él de una emplada en la cafetería) hallado e identificado en una fosa común-, ó
  • que la toma del Palacio de Justicia bajo comando del coronel no constituyó una violación de los derechos humanos (ha sido califacada como masacre por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1990), ni  
  • que la debida eficacia de la intervención militar (como criterio mencionado por el presidente) implica hacer caso omiso de un presidente en oficio (Belisario Betancur),  consiste en una retaliación desproporcionada y que no necesita buscar salvaguardar la vida de los rehénes (como lo concluyó la Comisión de la Verdad 2006).
  • que la corte que pronunció el fallo incurrió en negligencia o malicia intencional.    

Estos supuestos no corresponden a la verdad.

Significa que 

El presidente Álvaro Uribe insta a garantizar por ley que se haga caso omiso de pruebas contra miembros de las fuerzas armadas;  que matar y desaparecer  personas no infringe en nada el derecho humano si son las fuerzas armadas que lo hacen; que la eficacia militar no tiene que ver con el número de vidas sacrificadas; y que las sentencias en contra de miembros de las fuerzas militares son injustas.

2.  La consternación de los militares por la condena. Tomen nota que -en las palabras del presidente- el “dolor y desestímulo” de las fuerzas militares tiene como causa la condena del coronel.    

El dolor de una  institución que se respeta -y quiere ser respetada- nace del arrepentimiento por los errores y faltas cometidas. 
Para que este arrepentimiento sea real y productivo se debe manifestar en algunos actos:  un autoexamen riguroso para constatar si la falta surgió de una actuación individual y aislada, lo que termina en el distanciamento público y la expulsión del individuo – o, infinitamente peor, si es inherente a la institución, en cual caso debe dar inicio a un proceso profundo de cambios. En ambos casos, la institución también busca indemnizar a las víctimas, de la mejor manera. Pero el “dolor” del que habla el presidente Álvaro Uribe tiene un origen muy diferente. Más bien es

  • la indignación por tener que rendir cuenta ante la sociedad civil
  • el temor por lo que podrá venir una vez que la ropa sucia se lave fuera del fuero
  • la sensibilidad herida del falso honor

Esto se deduce del estudio de las reacciones al fallo de la corte.

Significa que 

El presidente Álvaro Uribe insta a colocar las fuerzas militares bajo una campana de cristal blindado que los proteja de la ley para no desmotivarlos a cumplir su deber que consiste en defender esta misma ley.  

 3.  La intervención militar fue la respuesta a un delito de lesa humanidad cometido por la alianza perversa entre el narcotráfico y una de las guerrillas de la época.  ¿Y? Desde la boca del señor presidente Álvaro Uribe, esta declaración se puede entender así:

  • que el fin justifica los medios
  • que el que protege la ley tiene excusa para infringirla
  • que el que salva rehenes tiene permiso para matarlos
  • que la retaliación no tiene límites
  • que en el humo de la pólvora todos -guerrilleros o magistrados- son grises
  • que cuando dos hacen lo mismo, no es lo mismo, especialmente cuando uno de ellos viste un uniforme

Y en este último, sí en este último el señor presidente tiene toda la razón. Cuando dos hacen lo mismo, no es lo mismo y cuando uno de ellos viste un uniforme, es peor. Porque cuando ataca el criminal  puedo llamar al policía; pero cuando me ataca el policía, ¿quién vendrá para defenderme? Ningún Chapulín.

Así que el que lleva la espada para defender la ley, es doblemente responsable de cumplirla o desvirtúa al sistema que le puso la espada en la mano. Y al desvirtuar el sistema se hace peor que el que ataca el sistema.  El siervo que conoce la voluntad de su señor, y no se prepara para cumplirla, recibirá muchos golpes. En cambio, el que no la conoce y hace algo que merezca castigo, recibirá pocos golpes. A todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho, se le pedirá aun más. (Lucas 12:47-48).

Significa que 

El presidente Álvaro Uribe declara que EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS, divertiendo la atención de la actuación criminal de los militares, cuya condena demoró un cuarto de siglo,  unilateralmente hacia el grupo de terroristas -hábilmente mezclando al narcotráfico en la acusación (según la Comisión de la Verdad, no hay prueba que el M-19 hubiera sido financiado por el narcotraficante y jefe del Cartel de Medellín, Pablo Escobar y el grupo de “Los Extraditables”, como lo afirmaron los militares involucrados en las desapariciones)

Conclusiones…

Fiel al estilo de gobierno que practicó desde los primeros días de su primer mandato, el presidente de la República ha demostrado una vez más cuán buen estudiante de Maquiavelo ha sido. Tal como al Príncipe en la obra maestra del filósofo renacentista, la separación de los poderes -fundamento del estado de derecho moderno- no es algo que le preocupa.  Lo que preocupa al presidente saliente(?) es que los compatriotas colombianos sigan durmiendo en medio de la ilusión de la seguridad democrática, -una seguridad que se fundamenta sobre el poder de las armas en lugar de construirse sobre la justicia social-, una seguridad que camufla la continuidad de la plaga paramilitar-, una seguridad que utiliza  el eufemismo del “falso positivo” para no llamar a cuenta a los autores intelectuales en el gobierno…  que los compatriotas sigan pues durmiendo y no se den cuenta en qué medida su estado de derecho se ha convertido en un estado de la derecha

Durante ocho(?+) años, el gobierno del presidente Álvaro Uribe ha demostrado un desprecio maquiavélico para con la constitución, y lo hizo con una actitud de tal soberbia que ahora el ciudadano promedio fácilmente acepta como normal lo que está fuera del orden: espionaje a representantes de la oposición, difamación de lo opositores y cubrimiento a los infractores del propio lado, invasión militar en un país vecino… además de una serie de políticas absolutamente desafortunadas (abandono de los propios ciudadanos secuestrados por la guerrilla [es casualidad que precisamente una semana antes de la elecciones logran liberar a algunos? ¡Una ya no sabe qué creer y qué no!],  manejo de la diplomacia internacional según estados de ánimo del mandatario, y -de nuevo- soberbia y más soberbia).          

Por supuesto, nada de eso es nuevo.  Colombia ha visto estas y peores cosas desde casi dos siglos… Lo que provoca indignación es la pose de hipocresía, de inocencia ofendida, el maquiavelismo, con el cual el presidente Álvaro Uribe ha podido engañar a tantas personas, inlcuyendo a los cuya buena voluntad iguala a su ingenuidad, amnesia en cuanto a la historia de su propio país y ceguera frente a la realidad de vida de millones de colombianos.  

¿Será  verdad lo que dijo Julio César Turbay? “En Colombia o se gobierna con los militares o no se gobierna”, dejando al descubierto las entrañas de la democracia colombiana.  ¡Una democracia militar al servicio de los monopolios económicos, sostenida por el aparato de los medios de comunicación que se encuentran en manos de estos mismos monopolios y hábilmente camuflada ante el pueblo por medio de un presidente maquiavélico!

150 años atrás, otro presidente en otro país -un presidente con principios y políticas muy diferentes- meditaba sobre la relación entre gobierno y gobernados, diciendo:  

“Uno puede engañar toda la gente por un tiempo, y parte de la gente todo el tiempo, pero no toda la gente todo el tiempo.”  (Abraham Lincoln). 

Pero Abraham Lincoln no conoció a Colombia. Y mientras una abrumadora mayoría de los colombianos aplaude a la política de EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS, una dinastía de Príncipes podrá mantener la nación en el mismo deterioro moral y ético que desde dos siglos le ha costado tanta sangre y desgracias. 

Saludos de Maquiavelo 

 

 

 

 

 

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