El editorial titular del más prestigioso diario de los Estados Unidos, el Washington Post, es una columna de influencia. Y lo es porque a lo largo de las décadas, el periodismo de este períodico ha intentado de conservar un criterio de imparcialidad frente al gobierno, los intereses del séctor productivo y la presión de ciertos grupos de la sociedad.  El Post puede adscribirse haber sido el fáctor determinante en la caída de Richard Nixon, para lo que era preciso una porción más que usual de coraje y obstinación.

Mientras los periodistas y editores del Post representan toda la gama desde casi-izquierda hasta casi-derecha, el editorial titular es la voz unificada del periódico. Viene directamente desde el gremio directivo y no lleva ninguna firma particular.  El viernes 17 de octubre 2008, este editorial se tituló:

Barack Obama para presidente

En su acostumbrado estilo, el Post enumera las razones por las cuales piensa que Obama será la mejor elección para el oficio del presidente de Estados Unidos.

En vista de la importancia que tiene este voto presidencial, no sólo para su propia nación, sino literalemente para todo el mundo; en vista de un eminente catástrofe ecológico, de una mediana crisis económica y la existencia y amenaza de conflictos bélicos y actos terroristas… ciertamente no es de sobra pensar a quién queremos ver en la Casa Blanca.

Por supuesto, tanto el periódico como su candidato representan el punto de vista americano -liderazgo de Estados Unidos, misión salvadora al mundo-, pero lo mantienen dentro de un marco justificable. 

  

Si quiere conocer la opinión del Washington Post, lea una traducción .
http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2008/10/16/AR2008101603436.html

Viernes, 17 de octubre 2008

Barack Obama para presidente

Este año, el proceso de nominación produjo dos candidatos inusualmente dotados y calificados. Hay pocas figuras públicas que hemos respetado más a lo largo de los años, que al Senador John McCain. No obstante, es sin ambigüedad que endorsamos al Senador Barack Obama para ser presidente.
Esta elección se hace fácil en parte por la decepcionante campaña del Mr.McCain, sobre todo por su irresponsable selección de un compañero de fórmula que no está preparado para ser presidente . Pero se hace fácil, en mayor parte, a causa de nuestra admiración por el Mr.Obama y las cualidades impresionantes que ha mostrado durante esta larga contienda. Sí, tenemos reservas y preocupaciones, casi inevitablemente, dada la relativamente corta experiencia del Mr.Obama en la política nacional. Pero también tenemos enormes esperanzas.
Mr.Obama es un hombre de inteligencia ágil, con fina comprensión de asuntos complejos y una habilidad evidente de conciliación y construcción de consensos. En casa, creemos, daría respuesta a la crisis económica con un saludable respeto por el mercado, graduado por una consternación justificada a causa de la creciente desigualdad y el entendimiento de la necesidad de regulativos con enfoque. En el exterior, una clara evidencia sugiere que buscaría mantener el liderazgo e involucramiento estadounidense, continuar la lucha contra los terroristas, y conducir una diplomacia vigorosa por los valores e intereses americanos. Mr.Obama tiene el potencial de ser un gran presidente. Dada los problemas enormes que tendría que confrontar desde su primer día en el oficio, y el daño fabricado durante los últimos ocho años, estaríamos contentos con muy bueno.
La primera pregunta, de hecho, podría ser por qué cualquiera de los dos hombres quisiera el puesto. Comenzando con dos guerras en marcha, ambas lejos de ser ganada; un inestable, Pakistán con armas nucleares; una Rusia en resurrección amenazando sus vecinos; un Irán que apoya a terroristas en carrera hacia el estatus nuclear; un agitado Medio Oriente; una China en auge que busca su lugar en el mundo. Agregue la amenaza de un terrorismo nuclear o biológico, las cargas de pobreza y epidemias globales, y el progresivo cambio de clima. En lo doméstico, los salarios están en estancamiento mientras la educación pública ha fallado a una generación de niños urbanos, mayormente de las minorías. Ahora sume la posibilidad de la economía más baja desde la Gran Depresión.
Ni siquiera sus críticos más feroces culparían al presidente Bush por todos estos problemas, y nosotros distamos mucho de ser su crítico más feroz. Pero por los últimos ocho años, su administración, mientras perseguía algunas políticas valiosas (seguimiento a la educación, seguridad interior, la promoción de libertad en el exterior), también ha batallado algunas asombrosamente erróneas (descaro fiscal, tortura, extrema desconsideración por la salud ecológica del planeta) y ha actuado demasiadas veces con incompetencia, arrogancia, o ambas. Una presidencia McCain no sería lo mismo para cuatro años más, pero por fuera de su círculo interno, Mr.McCain reclutaría a muchos de los mismos políticos que nos han llevado hasta el estado actual. Creemos que ellos son altamente merecedores, y hasta podrían sacar provecho, de algunos años en el desierto político.
POR SUPUESTO, Mr.Obama ofrece mucho más que no ser republicano. Existen dos conjuntos de elementos que más importan al juzgar los candidatos. El primero tiene que ver con restaurar y promover la prosperidad y con compartir sus frutos de manera más igualitaria, en una era de globalización que ha ejercido presión a los salarios e incrementado la desigualdad. Aquí la elección no es difícil. Mr.McCain tiene poco interés en economía y ninguna consideración aparente para el tema. Su propuesta principal, superar aun los cortes de impuesto de Bush, exacerbaría simultáneamente la ruina fiscal y la desigualdad. El plan económico de Mr.Obama contiene su parte de promesas que no se pueden costear, pero empuja más bien en la dirección de justicia y salud fiscal. Ambos hombres se han comprometido a lidiar con el cambio climático.
Mr.Obama también comprende que lo primordialmente importante para combatir la desigualdad, y el mejor camino de mantener la competitividad americana, es el mejoramiento de la educación, otro asunto de sólo modesto interés para Mr.McCain. Mr.Obama enfocaría su atención en la educación temprana y en la ayuda a las familias, para que no se echara a perder otra generación de niños pobres. Sus presupuestos serían menos probables de eliminar programas importantes como Ventaja y Garantías Pell [programas educativos especiales para ayudar a niños de pocos recursos]. Aunque ha sido menos definitivo como nos gustaría, apoya a medidas para la supervisión de las escuelas públicas y opciones para los padres por medio de escuelas bajo licencia.
Para alimentar la competitividad de los Estados Unidos y aliviar la inseguridad laboral, también es crucial un mejor sistema de provisión para la salud. Mr.McCain tiene razón en abogar por el fin del favoritismo en impuesto para planes de empleadores. Este sistema trabaja en contra de la gente de bajo ingreso, y Mr.Obama ha criticado la propuesta de McCain en formas mal orientadas. Pero el plan de salud de Mr.McCain no hace lo suficiente para proteger aquellos que no pueden costear un seguro de salud. Mr.Obama espera poder dirigir el país hacia la cobertura universal, diseñando un rumbo entre disposiciones del gobierno y elección individual, aunque cuestionamos que su plan puede financiarse o hace lo suficiente para controlar los costos.
El próximo presidente posiblemente tendrá la oportunidad de nominar uno o más jueces para la Corte Suprema. Dada el equilibrio precario de la corte actual, pensamos que los nominados por Obama podría tener un impacto positivo en asuntos que van desde la política carcelaria y de poder ejecutivo hasta la protección de la privacidad y los derechos civiles.
Todos aquellas elecciones en política podrían quedar bajo la sombra de la crisis financiera y de la recesión que probablemente producirá. Es casi imposible predecir cuáles políticas serán necesarias de aquí hasta enero, pero ciertamente el país querrá tener en su presidente una combinación entre agilidad y persistencia – precisamente las cualidades que Mr.Obama ha demostrado durante las últimas semanas. Cuando pudiera haber acumulado puntos políticos en contra el presidente en oficio, prefirió de manera responsable a urgir a sus colegas demócratas en el Congreso a respaldar al plan de rescate financiero de Mr.Bush. Se rodeó con consejeros económicos de primera clase, experimentados, del centro – tal vez la mejor garantía que, en conraste con algunos presidentes pasados de modesta experiencia, Mr.Obama no cabalgará a la ciudad determinado de reinventar toda rueda política. Algunos han criticado a Mr.Obama como demasiado fresco, pero su constancia de ánimo durante las últimas semanas – de hecho, por más de dos años de campaña – nos parece ser exactamente lo que los americanos esperan de su presidente en tiempos de gran falta de certezas.
EN EL SEGUNDO paquete de elementos, que tiene que ver con mantener la seguridad de America en medio de un mundo peligroso, la elección se hace más cernida. Mr.McCain tiene un conocimiento profundo y un muy largo compromiso con la promoción del liderazgo y los valores estadounidenses.
Pero Mr.Obama, como cualquier quien lee sus libros puede contar, también tiene un entendimiento sofisticado del mundo y del lugar para América en él. Él también está comprometido con mantener el liderazgo de Estados Unidos y apegado a los valores democráticos, como lo hace claro su reciente defensa del diminuto Georgia .Tenemos la esperanza que él navegaría entre el realismo amoral de algunos en su partido y la contraproducente confidencia arrogante de la administración actual, especialmente en su primer período. En la mayoría de las políticas, tales como la necesidad de ir tras al-Qaeda, poner un alto a las ambiciones nucleares de Irán y combatir el VIH/SIDA en territorio del exterior, se diferencia poco de Mr.Bush o Mr.McCain. Pero nos promete una diplomacia más inteligente y un mayor compromiso para con los aliados. Su equipo exagera la probabilidad que alguno de esto puede producir resultados dramáticamente mejores, pero ciertamente, ambos valen la pena del intento.
La mayor diferencia entre Mr.Obama y la política actual es también nuestra mayor preocupación: su insistencia en retirar las tropas de combate de Iraq sobre una línea de tiempo fija. Gracias al aumento, al que Mr.Obama se opuso, podría ser practicable retirar muchas tropas durante sus primeros dos años en el puesto. Pero si no lo es – y generales de EE,UU. han advertido que los duramente ganados avances de los pasados 18 meses podrían perderse a causa de un retiro precipitado — sólo podemos esperar y asumir que Mr.Obama reconocería la importancia estratégica de un éxito en Iraq y ajustaría sus planes.
También podemos sólo albergar la esperanza que la alarmante retórica anti-comercio que hemos escuchado de Mr.Obama durante la campaña cedería a la comprensión de los beneficios del comercio que se refleja en sus escritos. Una aurora en el horizonte de la crisis financiera podría darle a Mr.Obama la flexibilidad de sobreponerse a algunos intereses de grupo y miembros de su propio partido que se oponen al comercio, y también buscan la reforma de derechos de propiedad que él seguramente entiende como necesarios.
NO NOS CAUSA ningún placer oponernos a Mr.McCain. A lo largo de los años, ha sido una fuerza en pro de los principios y del bipartidismo. Luchó para hacer reconocer a Vietnam, a pesar de que algunos de sus ex-compañeros como prisioneros de guerra le vituperaron por ello. Se levantó en respaldo de una reforma humana para la inmigración, a pesar de que supo que votantes republicanos cruciales le castigarían por ello. Mr.McCain puso su carrera en juego para encontrar una estrategia de éxito en Iraq, precisamente cuando casi todo el mundo en Washington estuvo listo para echar la toalla. Pensamos que él, también, podría ser un presidente bastante bueno. ,
Pero la tensión de una campaña puede revelar algunas verdades esenciales, y la imagen de Mr.McCain que emergió en este año dista mucho de ser asertiva. Para pasar por el litmus-test de su partido sobre recortes en impuestos, se deshizo de su compromiso con presupuestos balanceados. No ha producido una agenda coherente y, por ratos, ha parecido irritado e impulsivo. Y no encontramos manera de cuadrar su profesa pasión por la seguridad nacional de América con la elección de su compañero de fórmula, la que, no importa cuáles sean sus otras fortalezas, no está preparada para volverse comandante en jefe.
TODO VOTO PRESIDENCIAL es una apuesta, y el currículo de Mr.Obama es sin duda delgado. Habíamos tenido la esperanza, a lo largo de esta extensa campaña, de ver más evidencia que Mr.Obama se levantara en pro de la ortodoxia democrática y pusiera fin, como dijo en su discurso de anunciar su candidatura, “a nuestra crónica evasión de decisiones difíciles.”
Pero el temperamento de Mr.Obama no se parece a nada lo que hemos visto en el escenario nacional por largos años. Él es pensativo pero no vacilante; elocuente pero un maestro de los contenidos y del detalle; seguro más allá de lo natural pero ávido de escuchar puntos de vista opuestos. Ha inspirado millones de votantes de edades y razas diversas, no poca cosa en nuestro país, tan frecuentemente dividido y cínico. Pensamos que él es el hombre idóneo para un tiempo de inseguridades.

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